viernes, 30 de octubre de 2009

Respirando tradición, exhalando devoción



Por: Ma. del Consuelo Contreras Corona




El sol empieza a morir, los últimos rayos del día se entrecortan en las nubes del cielo. Son las seis de la tarde, y la ciudad se ve tranquila y pacífica. Descansa después de la agitación de un día lleno de festividad. Es 28 de octubre, nada más y nada menos que el Día de San Judas Tadeo. Celebración que para los laguneros va más allá de una simple fecha especial en el santoral católico. Y no es para menos, San Judas era nada más y nada menos que el primo hermano de Jesucristo, así que no hablamos de cualquier santo…

Aunque pocos lo saben, a San Simón y San Judas Tadeo se les celebra la fiesta en un mismo día, porque según una antigua tradición los dos iban siempre juntos predicando la Palabra de Dios por todas partes. Refiere la tradición que San Judas y San Simón sufrieron martirio en Suanis, ciudad de Persia, donde habían trabajado como misioneros. A San Judas le dieron muerte con una cachiporra. Por eso se le representa con una porra sobre la cabeza. Luego, le cortaron la cabeza con un hacha. Trasladaron su cuerpo a Roma y sus restos se veneran ahora en la Basílica de San Pedro.

Sin embargo, obviando el cercano parentesco con Jesús de Nazaret, San Judas es toda una celebridad en nuestra región. Goza de una popularidad que ya desearían muchos políticos. San Juditas está presente en gran parte de los hogares, negocios, iglesias, automóviles, incluso en el vestidor del equipo Santos Laguna.

Judas es una palabra hebrea que significa: "alabanzas sean dadas a Dios". Tadeo quiere decir: "valiente para proclamar su fe".

Bajo este contexto, resulta lógico que el 28 de octubre represente toda una ocasión de fiesta. Las calles se llenan de verde, del sonoro cobijo de las tamboras y del particular olor del asado y las sopas típicas de la reliquia. Y aún cuando la reliquia no es meramente de origen lagunero, sino zacatecano, ésta se ha convertido en todo un constructo social característico de nuestra sociedad actual. Engloba toda una serie de aspectos, desde lo claramente religioso, gastronómico y lo cultural. Tradición que se lleva en las venas junto con la devoción innata a una advocación. El nivel socioeconómico sale sobrando. La fe reina sobre la adversidad que implica la crisis económica por la cual estamos atravesando…

El marco social es perfecto. Un viento ligero que proviene del norte enfría un poco la temperatura, pero jamás los corazones. Las celebraciones al santo consentido de los torreonenses han comenzado desde tempranas horas de la tarde. Son las seis de la tarde. El escenario: #1207 de la calle Zacatecas, entre Cuauhtémoc y Mariano López Ortiz, en la Col. Centro de la ciudad, el hogar de la Familia García Rangel.

La danza de los matachines está en su pleno apogeo. El sonar de los huajes es evidente. Sin una ardua búsqueda, di con un centro lleno de tradición: se estaba llevando a cabo una más de las muestras de celebración típicas de la fecha.

Me acerco con algo de timidez a la escena, ya que, a pesar de ser ésta una fiesta de carácter público, en donde el punto principal es compartir con todos los miembros de la comunidad, no dejo de ser una extraña que se entromete en un círculo familiar y de amigos que se reúnen bajo un mismo propósito. Con libreta en mano, y un lapicero que me ayude a capturar un poco la esencia del momento, me dispongo a observar cada detalle que se desarrolla antes mis ojos; unos ojos maravillados, que han recuperado la capacidad de sorprenderse ante la magia que evoca una tradición. El tiempo se detiene…la gente se enfoca en San Judas y lo demás es meramente irrelevante.

Se cierra el paso a los automóviles con una camioneta azul. En medio de la calle, acompañados de unas cuantas sillas, se erige un pequeño altar. Zona de devoción en donde descansan cincos imágenes del santo, una por cada miembro de la familia. Resulta interesante el número y la variedad que presentan las imágenes, pues las hay de diversos tamaños, colores y texturas, pero el sentimiento es uno.

Flores blancas y amarillas adornan el recinto, así como papel picado que atraviesa la calle de poste a poste, con motivos florales, el sol, y obviamente, San Judas. Las veladoras por su parte, juegan un papel fundamental en la celebración. Su tarea, la de iluminar no sólo el escenario, sino el alma de los feligreses.

Las señoras se encuentran sentadas alrededor, contemplando mientras la danza se lleva a cabo. Trece son los integrantes de ésta. Portando un atuendo que refleja horas de dedicación, el sudor recorre sus rostros delicadamente, al son de los golpeteos que sus pies dan en el asfalto. Sorprende tal vez a algunos, que la edad no sea un factor determinante para ser danzante. Los hay de edad ya avanzada, adultos que buscan redención, y una par de niñas que no sobrepasan los 4 años aún. Los más grandes se identifican por traer plumas vistosas adornando sus cabezas. Con carrizos, medias verdes, una pañoleta atada a la cintura con la imagen grabada de la Virgen de Guadalupe, el clásico huaje y el arco, los danzantes se entregan con fervor al unísono con la tambora. El señor que la ejecuta parece estar en otra realidad; su mirada se aprecia distante, como si cada golpe que da con el mazo pretendiera alejar toda muestra de sufrimiento y maldad.

Llama la atención que todo este acontecimiento tiene lugar en una zona primordialmente comercial. Los García se ven abrazados por todo tipo de negocios: de servicio de mensajería, artículos de limpieza, autopartes, servicios computacionales, bancarios, y claro, no podía faltar su yonke. Su casa es la única en ese tramo de la calle. Pero ello no representó impedimento alguno para que la gente acudiera al llamado de la fe. Los restos de leña en la banqueta, y el enorme cazo de asado ya vacío, son las mejores evidencias.

El rosario dio inicio alrededor de las 3 de la tarde, una hora después de que comenzara la danza en honor a San Judas. La señora Lidia no ha parado desde la mañana, con el afán de que todo salga bien y que nadie se quede sin su debida porción de reliquia. Incluso, ésta, su humilde servidora, se vio deleitada por el manjar gastronómico producto de su trabajo.

La dueña de la casa se empeña en arreglar detalle a detalle el acomodo de los floreros, mientras sus pies siguen despistadamente el ritmo de la tambora. Es reconfórtate la devoción que se admira en sus ojos.

Tras cada pieza de la danza que concluye, tiene lugar un breve silencio seguido de una reverencia al pequeño altar. Se hace un rezo o petición particular por parte de cada uno de los danzantes. Todos esperan algún favor del primo de Dios…una niña se encarga de registrar cada emoción con su cámara. Todos se congregan para la clásica foto grupal, en la que la imagen de San Judas es la protagonista.

Los esposos de las señoras se limitan a observar de lejos todo el movimiento, acompañados de unas buenas cervezas que ambienten el festejo. Personas entran y salen constantemente de la casa, y sin advertirlo, se acerca un viejito a la puerta y pregunta si quedó reliquia. – Nomás sopita y caldito de chile – contesta la señora de la casa – Ahorita le doy tantita.

No es la primera vez que la Familia García brinda reliquia de manera desinteresada, llevan ya ocho años manteniendo la tradición de hacer comida en cantidades industriales. Y aunque casi siempre viene la misma gente, la posibilidad de atender a todo el que viene a pararse aquí es el propósito mismo de la reliquia. “La reliquia es para DARSE” dice totalmente convencida Doña Lidia, aunque no niega que en realidad la caridad puede representarse de muchas y diversas maneras. El llevar alimento a los presos del CERESO es una buena opción…Lo importante aquí es que, así como ellos, existen muchas familias que perpetuán la tradición por gusto, por mantener en pie una manda.

El sentido gira en torno a la gratitud que se desea manifestar a San Juditas tras haber recibido favores especiales. Como es el caso particular de los Rangel, que encomendaron a su hijo al santo ante una inminente operación que le fuera practicada a los 4 añitos.

Son ya las 6:30. El sol definitivamente esta extenuado y se despide de los habitantes de esta hermosa ciudad. Suenan las campanas de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, que está a tan sólo una cuadra de distancia. Es hora de empezar a recoger. Las cuñadas ayudan a levantar el altar que con tanto empeño erigieron horas atrás al “Abogado de las Causas Difíciles”. El sol decae, más no los ánimos. La familia ha visto más unidos sus lazos. San Judas y su don han conseguido brindarles una satisfacción y una paz espiritual que la estabilidad económica no puede brindar.





1 comentarios:

M. Hunter dijo...

Fue una tarde bien surreal esa, no crees? Aunque tengo mis desacuerdos con la religión, me sorprende que la fe sea tan poderosa como para darle sentido a las cosas. Además, si dicen que Dios trabaja en formas misteriosas, fue algo sin duda bueno que bajaras conmigo en el camión! =D

Aunque haya quedado manchado de asado, pero bueno... Gajes del oficio. XDDD

Insisto, el Lado Oscuro es fuerte en tí... Acéptalo... (mirada dizque siniestra)

Te amo!

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